sábado, 4 de mayo de 2019

Dos Noches y Una Muerte

Por Diego Martín Gámez


            No hace mucho que comencé a pensar seriamente que nada de lo que me propongo funciona. Parece que la vida me tiene encerrado en una vorágine de pensamientos negativos. Busco alcohol, tiempo para perder y un montón de amigos tontos que siempre hacen lo mismo durante horas y horas: tomar hasta embrutecerse. Muchos lo hacen así en la ciudad.

            Anoche volví a pelear con mi madre y nuevamente -porque ya lo había dejado- regresé con esos amigos, los mismos con los que siempre pasa lo mismo, a hacer lo de siempre. Parece que todos esperamos la muerte. Pero esta jija no se inclina por ninguno de nosotros. 

            Después de un par de días esperando que nos tocara la despedida fatal entre alcohol de a diez pesos, regreso a casa cansado, con cruda, desvelado, casi muerto y mi madre me ha dejado un recado por el único medio mediante el cual me puede contactar: el mensajero de mi face. "Hijo, ahora que vine a ver a tu tía por aquello del golpe que se dio en la rodilla, tu abuela murió. La dejamos desayunada y cuando regresamos del doctor, estaba muerta en su cama, como dormida".

             Intento reaccionar para ir al velorio. Me cambio y estoy por salir para tomar un taxi. Abro la puerta y mi madre esta parada frente a mi. "Iba a tocar", me dice desencajada. "Ya terminó todo", murmura asertiva con la vista en el piso mientras entra a la casa. Cierro la puerta. El olor a alcohol que emana de mi boca me recuerda crudamente quien soy en este instante.

domingo, 3 de julio de 2016

¿Hablamos por hablar?

Por Diego M. Gámez Espinosa

La frase que nos dicen frecuentemente nuestras madres cuando se molestan por cosas que decimos y que contravienen las reglas en casa: “tu solo hablas por hablar”; es generalmente un error que no resolvemos en lo inmediato, pero que en ocasiones nos creemos.
En realidad nadie que haya nacido con la capacidad de pensar y desarrollar un lenguaje, una lengua y el proceso de fonación, habla por hablar. Todos con esas capacidades pensamos lo que decimos por una razón: los seres humanos podemos darle significado a las cosas.
Ya Platón y Aristóteles, uno naturalista y otro convencionalista, hace siglos se refirieron a una “cosa que representa a otra cosa. Es decir, lo que está en lugar de otra cosa y que hace sus veces”. Un concepto que los humanos usamos a diario, pero que al analizar nos resulta tan complejo: el signo.
Si en un concurso de conceptos, tuvieran que elegir al más complejo e importante, el signo sería el ganador, puesto que gracias a él podemos construir nuestros contextos culturales y entender nuestro entorno humano y hasta natural.
Gracias al estudio que del Signo también han hecho, entre muchos, Humberto Eco, Bertrand Rusell o Ferdinand de Saussure, hoy podemos entender, por ejemplo, por qué una oblea en la feria es una oblea y en la iglesia es “la carne de Cristo”. 
Una comunidad como la católica ha decidido, mediante una convención lingüístico-social, que la oblea represente la carne de Cristo dentro de la Iglesia y en contextos específicos, así el objeto real de la feria o la cocina, toma un nuevo significado dado socialmente por un grupo de personas que han llegado a ese acuerdo: una cosa que representa a otra cosa, igual que la letra, la palabra o incluso el sonido.

domingo, 29 de noviembre de 2015

"No manches"

Por Diego M. Gámez Espinosa
Hoy utilizada como una expresión de sorpresa y admiración, que puede ir desde una pregunta como “¿en serio?” hasta una afirmación como “que mal está esto”, la frase ha sido registrada por algunos como una forma no vulgar de la expresión, también muy mexicana, “no mames”. Aunque su cercanía en significado hoy es absolutamente real, y en algunos casos se utilizan como sinónimos, mi percepción, luego de investigar un poco, es que ambas provienen de distintos momentos y de distintos contextos, y que por su cercanía fonética y estructura gramatical, además de estar ambas relacionadas con un hecho negativo, se convirtieron en frases cercanas, hoy frases hermanas, que por cierto a los extranjeros que aprenden nuestro idioma, les cuesta mucho entender.
Sin tener aún una investigación profunda, parece ser que la frase “no mames” es consecuencia de economía lingüística derivada de la frase “no seas mamón”, que aparentemente surgió hacia finales de los 70 para referirse a alguien que actuaba como infante, pese a ser un adulto. Es decir, “ya pasaste de tu época de lactante, ya no seas infantil: no seas mamón”, por una parte, y por la otra y para hacerla más ofensiva, su acepción más vulgar: “si vas a decir o a hacer tonterías, mejor hazme sexo oral”, por aquello de que en la felación también se succiona.
Sin embargo nuestro asunto no es esa frase, directamente, aunque tuve que referirme a ella por su hermandad semiótica hoy en día con “no maches”. Ésta es la que nos ocupa.
¡No manches! ¿De dónde proviene la frase “no manches”? Tengo una teoría luego de investigar un poco, decía, y recordar el léxico del centro del país hace 30 años. No me lo van a creer, pero parece que el responsable de ésta frase es: Álvaro Carrillo. Si, el compositor mexicano nacido en Oaxaca en 1919. Esa teoría la comencé a esgrimir desde 1994, año en el que comenzaba a estudiar semiología y que conocí un disco en el que se reunía parte de la obra más importante de éste internacional cancionero mexicano.
Resulta que a Carrillo le grabaron su primer tema en 1956 y que se hizo muy famoso solo un año después con la muy romántica “Amor Mío”, que le cantara Lucho Gatica. Entre 1957 y 1965 le grabaron sus más famosas canciones y entre ellas “Eso”, que tiene en María Victoria a su principal interprete, aunque no fue la única que la grabó.
Antes de continuar, déjeme decirle que “no manches”, según su servilleta, y por la teoría que formulo, es una contracción de una frase muy común en las décadas de los 70 y 80 en el centro del país, cuyo significado era, básicamente, “no hagas eso que es malo”, “no me trates así”, “no te involucres en eso”; estamos hablando de la famosa frase de los chavos de esa época “no manches tu vida”.
Bueno, pero ¿hasta ahora qué tiene que ver Alvaro Carrillo con eso? Pos Eso. Los que conocen la letra de la canción antes comentada, ya saben para donde voy, porque seguramente recuerdan que el estribillo de esa melodía dice: “Si ya no me quieres, al menos no mientas, ni manches tu vida”. No me crean, porque cuando se habla de procesos semióticos, cada uno tiene sus propios signos, pero con la complicidad del pujidito de María Victoria, así como la penetración social de la Radio y la Televisión en esa época, Alvaro Carrillo podría ser el origen del proceso semiótico-social de la frase “no manches”, aunque no de todos sus actuales significados. Ya saben, la lengua es un ser vivo que se recrea en boca de sus usuarios. 

miércoles, 21 de octubre de 2015

Tras varios martes después


Por Diego Martín Gámez

-Por fin entendí todo. Creo que encontré las respuestas-, dijo ese martes muy animado por la mañana Terry frente al espejo. -Días y días pensando cómo asumirlo y por fin encontré que la vida siempre tiene respuestas, y hoy las tengo- se dijo viéndose al espejo, feliz, entrado en su adolescencia madura. -Pero jamás lo entendí cabalmente-, se dijo en este momento frente al mismo reflejo, pero no frente a la misma imagen. -El problema no son las respuesta, sino las preguntas- se dijo dos mil 860 martes después.

domingo, 11 de octubre de 2015

Dos pasos


Por Diego Martín Gámez

-Ven, anda, ven mas cerquita- me dijo esa galanota, como dicen los fraylescanos. A mis casi 60 tengo mucha suerte de tenerla conmigo. Joven, grandota, buena cocinera y muy, muy hidrocálida. -Ya pues, arrímate peloncito, estás a dos pasos de mi- me insistió la mujerona. Dí los dos pasos para atrás y sigo vivo.

sábado, 10 de octubre de 2015

Acepté


Por Diego Martín Gámez


Casi 26 años después, Marco Antonio y Ramiro, dos mexicanísimos amigos, se reencuentran en una reunión de su generación escolar universitaria.

-¿Qué te pasó?- preguntó Ramiro con enorme sorpresa y desencanto.-Te ves muy jodido- asentó.-Hace unos 15 años-, dijo Marco Antonio languido, blando, -uno de los políticos más importantes de México me ofreció trabajo-. Con la mirada extraviada, se llevó una mano a la frente e hizo una pausa un tanto prolongada.

-Le dije que si-.

Paz, pas, paz


Por Diego Martín Gámez


De mañana, en un país lejano, varios caminaban en blanco, juntos en busca de Paz, y encontraron pas, pas, pas, pas...algunos quedaron en blanco dormidos y en paz.