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domingo, 23 de octubre de 2022

Problemas de oficio

Por Diego Martín Gámez 


Hace ya tiempo que Espondencia tiene serios problemas.

-Debes dar solución lo antes posible, le dice preocupada su madre.

Ella se lleva las manos a la cabeza y las pasa como si quisiera que su cabello crespo quedara totalmente lacio. Está tan preocupada con sus problemas de comunicación, que sus dedos surcan la mata como cosechadora en la milpa.

-Debo tomarlo en serio por todos. Tengo que solucionar ahora, se dice a si misma y lo grita a su madre.

Apurada sale de casa con la superiora detrás, y mientras se aleja por la calle grita desesperada:

-Corre Espondencia, corre.

Y las misivas llegaron.



domingo, 9 de febrero de 2020

Palma lama


Por Diego Martín Gámez


Concentraba sus energías en la entrepierna y sus ojos miraban fijamente la ventana. Iba y venía, iba y venía. En el cuarto había un cuadro enorme con un cristo, de esos pintados con la imagen de Dios como si fuera actor de cine, al estilo Mel Gibson. En estos momentos, pensaba, la imagen le resultaba francamente molesta, belicosa, acosadora.

Su palma no buscaba cocos, solo subía y luego bajaba sobre el tallo mientras su mirada intentaba no cruzarse con la mirada del hijo del señor. Esa miraba penetrante y luminosa que en estos momentos le parecía insultante e iracunda, pero singularmente estimulante.

La ventana se desvaneció por instantes y sus ojos tuvieron que cerrar mientras sus músculos descansaban y el venero derramaba la pureza de su espíritu. Vio la luz divina.

Todo a los ojos del hijo del señor.

Al día siguiente, como cada domingo, ofició la misa de las 8.

sábado, 8 de febrero de 2020

Desnudo



Por Diego Martín Gámez



Se convirtió en una sombra sin luz, y eso ya es decir mucho porque aún así se veía en las tinieblas de una habitación ocupada por un hombre que vivía desnudo del alma. Lo observaba cada noche dormir tapado hasta los huecos, pero destapado por dentro.

-"¿Me escuchas?", le decía
-"Apenas", respondía el hombre. "¿Que quieres?"
-"Que te tapes para no sufrir".
-"Estoy totalmente tapado", respondía el hombre apenas consciente.
-"Ese es tu problema, solo te ves por fuera y ellos son una viña de tu claridad", a sombras decía.

Una de tantas noches antes de dormir, éste hombre buscó en la oscuridad la sombra, pero no pudo hallarla. No la vio en la pared, no la pudo ver en el espejo. Prendió una luz tenue, de esas pequeñitas que se conectan directo al toma corriente, para ver si la veía, pero nada, no la encontró. Ya era tarde y decidió dormir.

En esta ocasión nada, ningún hueco de su cuerpo estaba tapado, ninguno.

Había pasado medio siglo.

domingo, 5 de mayo de 2019

Las Ciudades





Por Diego Martín Gámez



Qué pequeñas son las calles, decía Martha mientras veía por la ventana. ¿Si?, preguntaba Pedro. Mira bien, la gente camina con todo ese corazón, uno por cada uno, sin si quiera verse a la cara, salvo para cuidarse del otro. Así son las ciudades: enormes y desoladas.

No te azotes Martha, ¿qué pedo contigo? Vamos juntos, te quiero y pronto estaremos en cama abrazándonos y dándonos cariñito. Me choca cuando te pones filosófica y dices pura burrada. Ya hasta se me está bajando la pasión. Por favor si vas a seguir hablando, deja esas tus cosas tan profundas y mejor cuéntame qué onda con tu tía Lucy. ¿Ya la dejó el marido?

Martha despegó la frente del cristal de la micro, se volteó a ver a Pedro muy fijamente. Le tomó la mano tranquila y le guiñó un ojo en son de paz. Movió los labios de un lado, le soltó la mano a su pareja; su cabeza se volvió al cristal y su mirada a la ciudad. El brazo de él hacía un buen rato la abrazaba. Te decía, susurró, las ciudades son enormes y terriblemente desoladas.

sábado, 4 de mayo de 2019

Dos Noches y Una Muerte

Por Diego Martín Gámez


            No hace mucho que comencé a pensar seriamente que nada de lo que me propongo funciona. Parece que la vida me tiene encerrado en una vorágine de pensamientos negativos. Busco alcohol, tiempo para perder y un montón de amigos tontos que siempre hacen lo mismo durante horas y horas: tomar hasta embrutecerse. Muchos lo hacen así en la ciudad.

            Anoche volví a pelear con mi madre y nuevamente -porque ya lo había dejado- regresé con esos amigos, los mismos con los que siempre pasa lo mismo, a hacer lo de siempre. Parece que todos esperamos la muerte. Pero esta jija no se inclina por ninguno de nosotros. 

            Después de un par de días esperando que nos tocara la despedida fatal entre alcohol de a diez pesos, regreso a casa cansado, con cruda, desvelado, casi muerto y mi madre me ha dejado un recado por el único medio mediante el cual me puede contactar: el mensajero de mi face. "Hijo, ahora que vine a ver a tu tía por aquello del golpe que se dio en la rodilla, tu abuela murió. La dejamos desayunada y cuando regresamos del doctor, estaba muerta en su cama, como dormida".

             Intento reaccionar para ir al velorio. Me cambio y estoy por salir para tomar un taxi. Abro la puerta y mi madre esta parada frente a mi. "Iba a tocar", me dice desencajada. "Ya terminó todo", murmura asertiva con la vista en el piso mientras entra a la casa. Cierro la puerta. El olor a alcohol que emana de mi boca me recuerda crudamente quien soy en este instante.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Tras varios martes después


Por Diego Martín Gámez

-Por fin entendí todo. Creo que encontré las respuestas-, dijo ese martes muy animado por la mañana Terry frente al espejo. -Días y días pensando cómo asumirlo y por fin encontré que la vida siempre tiene respuestas, y hoy las tengo- se dijo viéndose al espejo, feliz, entrado en su adolescencia madura. -Pero jamás lo entendí cabalmente-, se dijo en este momento frente al mismo reflejo, pero no frente a la misma imagen. -El problema no son las respuesta, sino las preguntas- se dijo dos mil 860 martes después.

domingo, 11 de octubre de 2015

Dos pasos


Por Diego Martín Gámez

-Ven, anda, ven mas cerquita- me dijo esa galanota, como dicen los fraylescanos. A mis casi 60 tengo mucha suerte de tenerla conmigo. Joven, grandota, buena cocinera y muy, muy hidrocálida. -Ya pues, arrímate peloncito, estás a dos pasos de mi- me insistió la mujerona. Dí los dos pasos para atrás y sigo vivo.

sábado, 10 de octubre de 2015

Acepté


Por Diego Martín Gámez


Casi 26 años después, Marco Antonio y Ramiro, dos mexicanísimos amigos, se reencuentran en una reunión de su generación escolar universitaria.

-¿Qué te pasó?- preguntó Ramiro con enorme sorpresa y desencanto.-Te ves muy jodido- asentó.-Hace unos 15 años-, dijo Marco Antonio languido, blando, -uno de los políticos más importantes de México me ofreció trabajo-. Con la mirada extraviada, se llevó una mano a la frente e hizo una pausa un tanto prolongada.

-Le dije que si-.

Paz, pas, paz


Por Diego Martín Gámez


De mañana, en un país lejano, varios caminaban en blanco, juntos en busca de Paz, y encontraron pas, pas, pas, pas...algunos quedaron en blanco dormidos y en paz.